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¿Con qué acompañar un vino tempranillo?

El vino Tempranillo es considerado un vino de cuerpo medio. Su composición se basa en uvas de Tempranillo, aproximadamente en un 90%, que son las responsables de su característico sabor, olor y matices.

La uva del Tempranillo está considerada como la más característica de las variedades de uva española. Recibe más de 15 nombres diferentes y produce vinos muy distintos según la tierra y el clima donde se cultiva. No sólo en España, también en Portugal, Francia, Argentina y Estados Unidos.

El vino Tempranillo tiene una graduación alcohólica baja que oscila entre los 11 y los 14 grados, esto es debido al tipo de uva y una maduración que no supera nunca el año y medio.

Si algo caracteriza al vino Tempranillo son sus aromas y sabores con notas frutales, especiadas y los matices de tabaco o cuero que, junto con su acidez media, los convierte en acompañantes ideales para casi cualquier tipo de comida.

Sus taninos robustos son uno de los principales atractivos de esta uva. En los Tempranillos de origen español suele destacar gratamente sensaciones y gustos que nos recuerdan a la cereza o a la vainilla. Es un vino que impresiona agradablemente la boca por su fino aroma y sabor que lo hace perfecto para acompañar pastas con salsas livianas, carnes asadas, en especial, cordero, pescados de río, todo tipo de guisos y embutidos, y quesos suaves.

La calidad de este vino reside, en gran parte, en un proceso de maduración y envejecimiento realizado siempre en barrica de roble y, sobre todo, por el tiempo de añejamiento.

Se suele pensar que el vino Tempranillo es un vino joven ya que normalmente no madura más de año y medio. Sin embargo, nos podemos sorprender gratamente con vinos Tempranillo Reserva con más tiempo de maduración, como mínimo tres años de envejecimiento, e, incluso, Gran Reserva, aquellos que permanecen más de cinco años. En combinación con otras variedades puede brindar resultados asombrosos.

Os proponemos para maridar este vino un plato tradicional, un guiso de rabo de toro al vino tinto, algo para chuparse los dedos y para saborear con todos sus matices un buen vino Tempranillo. De postre, una leche frita con piñones, algo suave y exquisito que complementa y ensalza, haciendo ésta una comida de diez.

Otra propuesta excelente son unas clásicas chuletillas de cordero, acompañadas con unos espárragos a la parrilla y unos pimientos asados. De postre, una suave y deliciosa tarta de queso hará que sea una comida inolvidable para los comensales más exigentes.

El tercer maridaje que os proponemos es algo que no falla nunca: una trucha o salmón en papillote con tomates, tomillo y aceitunas acompañado con una ensalada variada de lechugas y, de postre, un flan cremoso de vainilla, o crema catalana. Una comida sencilla, pero de autor.

Para maridar existen ciertas normas dependiendo del tipo de alimentos que vayamos a preparar y la forma en la que los prepararemos. Aunque siempre es una cuestión de gustos y opiniones. Con el vino Tempranillo no es diferente. Debe de complementar y a ser posible intensificar los sabores de las comidas a las que va a acompañar.

Con buenos ingredientes, cariño, tacto y un buen Tempranillo es difícil no acertar. Atrévete y te sorprenderás.

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