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Nociones y reglas de maridaje. 2ª parte

El maridaje de vinos es quizás el talón de Aquiles en el mundo de la enología, donde el dicho: Para gustos están los colores, se hace aquí realidad. Cuántas veces hemos oído esa frase lapidaria: Los pescados deben acompañarse con vino blanco y los platos de carne deben casarse con vino tinto. Sin embargo, dada la variedad de uvas, bodegas y vinos tan ricos y sobresalientes, han hecho que las cuestiones sobre el maridaje de vinos y comidas se compliquen enormemente.

Lo cierto es que en el maridaje existen ciertas normas dependiendo del tipo de alimentos que vayamos a preparar y la forma en la que los prepararemos. Aunque siempre es una cuestión de gustos y opiniones.

Así, con el vino blanco que elijamos, no va a ser diferente. Debe de complementar y a ser posible intensificar los sabores de las comidas a las que va a acompañar.

Los blancos son más suaves que los tintos. Su sabor es menos fuerte pero como contrapartida suenen tener una mayor cantidad de acidez y resultan más frescos que el vino tinto.

Los vinos blancos dependiendo de su crianza los podemos clasificar en:

  • Jóvenes. Vinos del año, más frescos, rápidos en boca y fluidos.
  • De crianza. Vinos complejos dependiendo de cómo haya sido su crianza sobre sus lías o en barricas.
  • Aromáticos. Elaborados con varietales como la Moscatel, la Gewürztraminer, la Sauvignon Blanc y algunas varietales propias de Galicia como la Albariño.
  • Secos: ligeros, medio cuerpo o con cuerpo.
  • Con toque de dulzor mínimo, semidulces o dulces.

Los vino ácidos – blancos, rosados y algunos tintos -puede compensar una comida grasa. Parecerá menos ácidos si se beben con comidas dulces.

Los vinos blancos jóvenes y sencillos son estupendos con aperitivos y entrantes muy ligeros. Los más serios y secos son fantásticos con los mariscos, pescados blancos, quesos frescos, ensaladas y algunas mousses. Los fermentados en barrica combinan muy bien con quesos curados, verduras, ahumados, carnes blancas, algunos arroces.

Los rosados son ideales con las verduras, pastas, arroces, quesos suaves, tortillas, macedonia de frutas.

Los vinos generosos, finos y manzanillas con aperitivos, salmorejo, pescados a la plancha o hervidos, mariscos y ahumados.

Un vino dulce va bien con comidas dulces, afianzando así ambos sabores. También con las ligeramente saladas. Estupendos con postres de frutas, tartas con frutos secos y crema pastelera. Foie y patés.

El consejo más importante si se quiere elegir un vino para una comida es pensar en los ingredientes de la comida y en el sabor que tendrá. Probar, saborear, aprender y, sobre todo, disfrutar.

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